Los Elegantes
Extracto de la Guía de la Nueva Ola Española.

Los Elegantes lo tenían relativamente fácil para triunfar. Buenas canciones y buenas versiones, una legión de seguidores acérrimos –ya se sabe que los mods constituyen una secta cuya fe en su propia estética es inquebrantable-,  y  un  fantástico y contagioso directo. Sin embargo, parece que todo esto no basta, sino que conviene tener además, un poco de buena suerte, acertar con el momento y, muy importante, caer en buenas manos.

La banda se formó entre finales del 79 y comienzos del 80. Como tantos otros, comenzaron sin tener grandes ideas musicales, pero sí tenían el entusiasmo necesario para encerrarse en un garaje y, a base de beneficiosas influencias (radio, discos), llegar a tocar algo coherente. En esta primera fase de los Elegantes ya estaban sus miembros principales: su mítico primer cantante, Juan  Ignacio de Miguel, el Chicarrón, y los dos guitarras, Juanma del Olmo y Emilio López. Con  esta formación llamaron tanto la atención de Javier Teixidor, bajista de Mermelada y persona de indudable buen gusto, que decidió correr con los gastos de grabación de su primera maqueta, amen de tocar el bajo en ella. En  esa grabación estaban ya dos de sus más famosos temas: “Nada” y “Soy un charlatán”: pop con energía y sentido del humor (como correspondía a la época) con influencias sesenteras y algunos toques típicamente mod, todos los elementos que definen la música de la primera época de la banda.

Esta maqueta fue la que les puso en el mapa y les granjeó el apadrinamiento de Rafael Abitbol, desde su  Dinamita, probablemente el  mejor programa de música nuevaolera que jamás existió (Onda 2, Radio España FM), y al que la cultura musical de muchos radioyentes de la época deben mucho.


Los temas de la maqueta gustaron tanto que fueron regrabados e incluidos en el tercer volumen de la recopilación “Viva el Rollo”, del sello Chapa. Y desde luego, eran lo mejor que contenía este disco, por  lo demás repleto de cosas bastante horripilantes.

El mismo año 1980 llegaron los primeros cambios de formación con la incorporación de Carlos Hens a la batería y  José Luis de la Peña (Chori) al bajo, este último procedente de Glutamato Ye-Ye. También participaron en el I Festival de Música Rock de la Diputación de Madrid, donde llegaron a la final, quedando quintos (lo que dice mucho de ellos  y  más bien poco del susodicho festival). Durante este tiempo se sucedieron sus primeras actuaciones (Quadrophenia, San Juan Evangelista, Marquee), que rápidamente se convirtieron en cita obligada para el público amante de las emociones fuertes. Estas no provenían solamente de la formidable presencia escénica del grupo, sino también de, digamos, la animación de los asistentes, muchas veces enzarzados en verdaderas y desternillantes batallas campales. El tema de su repertorio que mejor ambienta aquellos primeros conciertos era el descarado “Toma anfetas”, una gran versión del skatalítico “Too much preassure” de los Selecter ingleses. El estribillo decía algo así como “Toma anfetas, si quieres vivir bien, toma anfetas, tómate al menos cien…”

Su  muy recomendable primer single, “No charles más”, una versión de un clásico del rhythm and blues llamado “You talk too much”, de Joe Jones, es también de 1980.

Tras este intenso año, viene el primero de sus golpes de mala suerte. La banda, ocupada con milis, estudios, contratos posibles e imposibles y la retirada del Chicarrón que nunca terminaba de producirse, dejó pasar un par de años clave para el que podría haber sido uno de los grupos pioneros de la movida madrileña.

Seguían en el corazón de sus seguidores gracias a sus esporádicas apariciones, pero los vientos de la  industria musical comenzaban a cambiar y se dirigían descaradamente desde el pop hacia la pista de baile. Estamos en los ochenta.

En 1983, los Elegantes editarían dos de sus mejores discos, ambos  en  compañías  independientes. En primer lugar el single “Me debo marchar”, un gran tema repleto de energía y una joya para coleccionistas. En segundo lugar, el maxisingle “Calle del ritmo”, en el que, además de la imprescindible canción que le da título, quizá la mejor que nunca hayan compuesto, estaban un par de buenos temas recuperados de las sombras del pasado: “Cristina” –un rhythm and blues clásico en los directos de la banda- y “Estoy fuera  de  sitio”. En este disco ya no está el Chicarrón, aunque nunca ha dejado de colaborar esporádicamente con los Elegantes, y Emilio ha tomado definitivamente las riendas.

Parecía que en tan solo dos movimientos los Elegantes habían recuperado todo el terreno perdido. Es en esta época cuando fichan por Zafiro, con Abitbol como manager/productor/tutor. Los fans de los Elegantes nos relamemos. Por fin un álbum enterito del grupo.

Lamentablemente muchos grupos de la nueva ola española pagaron el precio del desconocimiento patrio de cómo debe producirse y sonar un disco de rock and roll, y Los Elegantes no fueron precisamente una excepción, sino, más bien, un caso paradigmático.

“Ponte ya a bailar”, editado en 1984, fue una considerable decepción. Ya la selección de canciones no era precisamente la favorita de muchos de sus seguidores, que conocían bien el repertorio del grupo por las numerosas actuaciones que tenían lugar en la época, pero el principal problema estaba en la producción. Ni reflejaba la tremenda energía de su directo, ni, puestos a utilizar una sección de viento, era tan soul como se podía esperar. En resumen, se quedaba en tierra de nadie, con un cierto tufillo de efectos vacíos para la pista de baile (aunque también  sin rematar esto) muy propio de la época –de lo peor de la época-.

Los maxis que se extrajeron del disco ahondaban aún más en la llaga,  además  de ser completamente prescindibles, salvo para completistas. En suma, este disco convertía a un magnífico grupo de directo en un juguete para tratar de hacer dinero fácil. Aún así, el disco vendió más de 15.000 ejemplares, que  para  la época no estaba nada mal, y es que los seguidores de los Elegantes eran un auténtico lujo, y respondieron aún a pesar de la "traición" del grupo. Los propios Elegantes no lo tenían en mucho aprecio (ni al disco ni a la labor de Abitbol), aunque eso no quiere decir que no haya muy buenos temas: una  artificiosa relectura de “La calle del ritmo”, el single “Mangas cortas”, -una versión del clásico “Zoot Suit”, de los High Numbers, primera encarnación de los Who- o las perfectamente pop “Un día más” y “Cerca  de ti”. Lo mejor del disco: un encarte de estética puramente mod.

En  1985, editan su segundo elepe para Zafiro, “Paso a paso”, con  Abitbol otra vez de productor. Con el paso del  tiempo es probable que se haya convertido en uno de sus mejores discos, a pesar de que el sonido sigue sin reflejar todas sus posibilidades. En cualquier caso, tiene temas formidables como “Dos años atrás”, de lo mejor que han escrito nunca; “Luisa  se va”, una  enérgica  revisión  del “Louie, Louie”  -que, por cierto era otro de los clásicos imprescindibles en los conciertos del grupo-, o buenas canciones pop como “Dispararé”, “Chicas y dinero” o “Hasta el final”. De este disco sólo se vendieron unas 6000 copias, una cifra mínima para las grandes esperanzas puestas en ellos; mínima y bastante injusta, ya que este disco, que además gozaba de una producción algo más ajustada, es sensiblemente superior a su decepcionante álbum de debut.

Por entonces empiezan a pasar de Abitbol, y a renegar de él y de los discos anteriores. Entre otras lindezas, le consideran el genuino heredero de Mefistófeles. Así que para el tercer disco, “Los gatos de mi barrio”, editado ya en 1987, deciden americanizar completamente su sonido. Para ello nada mejor que situar en los controles a Elliot Murphy. Y sin duda es el disco de sonido más coherente del grupo. Sin embargo, su carrera estaba casi arruinada; el buen nivel de este disco no pudo con la losa de los dos anteriores y pasó casi desapercibido para la  mayor parte del país debido al absentismo de Zafiro en la promoción y a un cierto lío general entre las emisoras de radio y las compañías discográficas sobre cómo repartirse el pastel. Por cierto, que el disco incluye una maravilla llamada “Guitarras son cuchillas”, algo que debiera ser la máxima de un buen productor de rock and roll.

 

Con “Perder o ganar”, editado en 1989, terminan su contrato con Zafiro. Es un disco triste producido por Andreas Prittwitz, un habitual de la música jazzística y vanguardista madrileña. No estuvieron  especialmente afortunados en él. Incluso escuchándolo con mucho detalle resulta complicado destacar algún corte.  Quizá “Regreso a mi dulce hotel”, o la dylaniana “Viento  de invierno”. Detalle curioso: Zafiro sin saber qué hacer con 10.000 copias de un maxi con tres versiones, tres, de “Mangas cortas”, decidió regalarlo a los primeros compradores del disco (es más que dudoso que hubiera tantos).

El  año siguiente, en plan celebración de su décimo aniversario como banda, editaron, ya con la compañía Dro, un álbum doble en directo titulado “En el corazón de la resaca”. En él cuentan con la colaboración de varios de sus amigos, como Álvaro Urquijo de los Secretos o Javier Teixidor de Mermelada. El disco se sitúa bastante por encima de la media de los álbumes en vivo que, todo hay que decirlo, son generalmente inútiles, cuanto menos. Lo más divertido de estos discos suelen ser  las versiones. En este caso destacan “Knockin´ on heaven´s doors” y “Everybody needs somebody to love”, dos de sus clásicos en directo.

Por cierto que en la habitual pugna escasamente elegante entre antigua compañía y nueva, Zafiro recopiló diversos temas grabados en  directo entre 1984 y 1985 pertenecientes a sus dos primeros discos. Con ellos editó un disco titulado, en un nuevo derroche de imaginación y ganas, “En directo”. Francamente innecesario, aunque puede ser curioso comparar la versión del “Knockin´ on Heaven´s doors”  que contiene con la anterior.

Con  la fiebre de discos en directo y el cambio de compañía, la carrera de la banda se vio mínimamente relanzada y tras una serie de giras y actuaciones, graban para Dro “A fuego lento”, ya en 1991. Otro disco de decadencia de una gran banda. Hay algunos cambios de formación; ya no está José Luis, el Chori, que comenzó a trabajar en una conocida disquería madrileña para recalar finalmente como responsable de fichajes en una poderosa multinacional, perdiendo, por cierto, una parte sustancial de su buen gusto de antaño; al menos eso se deduce de algunas de las apuestas hechas en dicho cargo. El caso es que fue sustituido por Amando Cifuentes, procedente de los Desperados. En cualquier caso, hay una razón  suficiente para hacerse con el disco, y es que contiene uno de esos temas que hacen recorrer escalofríos por  la espalda y son el mejor punto final para uno de los grupos más queridos. Me refiero a “Adiós al verano”. Difícil expresar mejor el resumen de la situación.

 

 

Discografía esencial:

No charles más (Sg, Zafiro, 80)

Me debo marchar (Sg, Record Runner, 82)

En la calle del ritmo (Rara Avis, 83)

Ponte ya a bailar (Zafiro, 84)

Paso a paso (Zafiro, 85)

Los gatos de mi barrio (Zafiro, 87)

En directo (Zafiro, 90)

En el corazón de la resaca (Zafiro, 90)

A fuego lento (Dro, 91)

 

Reediciones en cd: no resulta nada sencillo encontrar los discos en compacto de Los Elegantes, aunque sí hay un par de recopilatorios que recogen una selección de los discos de Zafiro. Ambos, editados por BMG Ariola en 2001, contienen quince temas cada uno, aunque la selección es bastante diferente.

Los Elegantes fueron una de las bandas fundamentales de lo que ahora se conoce como "Nueva Ola". El texto que viene a continuación está extraído de la "Guía Esencial de la Nueva Ola Española" que, corregida, ampliada y con nuevo formato, acaba de editar Rock Indiana.

Texto: Fito Feijoo, Pablo Carrero y Pepe Palau.
Fotos: Archivo